05 enero 12:36 / Julia Gayvoronskaya Просмотров: 213

La postura del misionero: guía ilustrada


Posición del misioneroOh, la posición del misionero… Creo que con ella empezó mucho en mi vida sexual. Probablemente sea una de las posturas más reconocibles y más usadas. Pero ¿sabes? No es nada aburrida, como puede parecer a primera vista. Para mí es como un punto de partida cálido: el inicio no solo de la cercanía física, sino de una auténtica unión de dos cuerpos y emociones.

Considero la posición del misionero una verdadera clásica, probada por el tiempo. Tiene un montón de matices si escuchas tu cuerpo y a tu pareja. Te permite sentir, abrazar, besar… y, aun así, experimentar. En esta guía te contaré cómo hacerla más sensual, más profunda y, por supuesto, inolvidablemente placentera para los dos.

¿Qué es el sexo en posición del misionero?

La posición del misionero es cuando una de las personas se tumba boca arriba, separa y flexiona ligeramente las piernas, y la otra se coloca encima, entre ellas.

Sinceramente, siempre me fijo en que mi pareja no se me venga encima con todo su peso. ¡De verdad, ninguna pasión te salva si literalmente te estás asfixiando bajo el peso de otra persona! No solo es incómodo, también puede terminar en algo nada sexy… por ejemplo, una visita al médico. Y eso no lo quiere nadie, ¿verdad?

Yo suelo pedir que sostenga su peso con los brazos, apoyando los codos a los lados de mi cuerpo. Eso hace que las sensaciones sean más ligeras y da mucha más libertad de movimiento. Y también pueden acordar de antemano que solo transfiera una parte del peso: así se vuelve mucho más agradable y seguro.

¿Por qué la posición del misionero es un clásico?

Más contacto piel con piel

Para mí, la posición del misionero va de cercanía real. A diferencia de, por ejemplo, la vaquera invertida, aquí literalmente sientes todo el cuerpo de tu pareja. Cada movimiento, cada respiración pasa a ser parte de vuestro ritmo compartido. No solo excita: crea un vínculo emocional increíble. Y sí, esa cercanía a menudo lleva a un orgasmo mucho más intenso… ¡comprobado!

Camino hacia una mejor comunicación en la cama

Me he dado cuenta de que precisamente en la postura del misionero es más fácil hablar de lo que deseas. Cuando os miráis a los ojos, cuando no hay barreras entre vosotros, todo se vuelve más simple. Puedes susurrar suavemente lo que te gusta o pedir directamente que cambie algo. En posturas tipo “doggy style” es casi imposible: simplemente no te van a oír.

Así que si tiendes a callarte en la cama, prueba el misionero. Es una gran oportunidad para que te escuchen. ¿O para escuchar ?

No tengas miedo de gemir, decir lo que te gusta e incluso guiar el proceso: eso hace que el sexo sea solo mejor y más placentero para ambos.

Sensación de seguridad

A veces el sexo puede dar ansiedad, sobre todo si antes no hubo una experiencia cálida y atenta. La posición del misionero me parece algo muy acogedor. Se adapta fácilmente: si te duele la espalda o tus caderas no están en su mejor momento, siempre puedes ajustar un poco, cambiar el ángulo o añadir una almohada. Cero presión: solo comodidad y confianza.

Intimidad y romanticismo

Pareja íntima en la cama

Si te apetece romanticismo, la posición del misionero está hecha para eso. Mirada a los ojos, besos, caricias, susurros… O, al contrario, un poco de descaro si el momento lo pide. Todo eso da una sensación de conexión y cercanía real. Muy corporal, muy viva.

A veces simplemente no puedo apartar la mirada del cuerpo de mi pareja: sudado, tenso, apasionado… ¡hola, “Magic Mike”!

Menor riesgo de lesiones

La verdad es que siempre soy un poco prudente con los experimentos. Especialmente si es algo muy activo o de prácticas BDSM. Los estudios confirman que la posición del misionero es de las más seguras: mínimo riesgo de lesiones, máximo control. Tanto para principiantes como para quien simplemente no quiere dolor extra, es una opción excelente.

Posibilidad de ser dominante o sumiso/a

Me encanta que en el misionero puedes ser diferente. ¿Quieres ser dulce y sumisa? Perfecto. ¿Quieres tomar el control, guiar y mandar? También, sin problema. Todo depende del ánimo. Y si añades un par de detalles, puedes cambiar por completo la sensación de la postura. De eso hablaré a continuación.

Se puede relajarse

Hay días en los que simplemente no hay fuerzas. Te apetece cariño, calor, sexo… pero sin acrobacias. Y aquí la posición del misionero es mi salvavidas personal. Puedes tumbarte, cerrar los ojos, sentir las caricias, la respiración… y simplemente disfrutar. Es como descanso y pasión en un mismo frasco.

Muchos besos

Yo adoro los besos. Apasionados, suaves, con un mordisquito: lo intensifican todo. Y en el misionero aparecen de forma natural, como si surgieran solos. Un movimiento… y ya estás besando. Me parece que esos besos pueden ser una culminación no menor que el propio orgasmo.

Prueba a morder suavemente el labio inferior de tu pareja o a pasar la lengua despacio: sentirás cómo responde todo el cuerpo. ¡Es increíblemente excitante!

Reglas básicas

Esquema de la posición del misionero

Si te pones nerviosa antes de probar la postura del misionero, relájate. Todo es mucho más sencillo de lo que parece. Es una postura cómoda, intuitiva y perfecta incluso para quien está empezando su viaje sexual. Créeme, yo misma pasé por eso… y no me arrepiento ni un poquito.

  1. Primero, túmbate boca arriba: cómoda, sin tensión.
  2. Pídele a tu pareja que se coloque encima, entre tus piernas. Que lo haga con suavidad y atención hacia ti.
  3. Flexiona las rodillas: ayuda de forma natural a encontrar el ángulo adecuado.
  4. Puedes poner las piernas sobre sus caderas o rodearle la cintura: eso crea una sensación especial de control y cercanía.
  5. Y después, experimenta. Juega con los movimientos de la cadera, cambia la posición de las piernas. A veces un pequeño ajuste puede darte mucho más placer del que esperabas.

¿Por qué a los hombres les gusta esta postura?

Lo creas o no, a los hombres les encanta la posición del misionero. ¡Y los entiendo! Te cuento por qué, basándome en mi experiencia y en conversaciones muy sinceras:

  • Mínimo esfuerzo. ¿Sinceramente? A veces a ellos también les apetece simplemente tumbarse… bueno, casi. El misionero permite relajarse y estar en el momento. Ideal si llega del trabajo agotado pero aun así quiere cercanía.
  • Simplicidad y seguridad. Todo es intuitivo. No hace falta pensar en el equilibrio, en coordinar movimientos o en no retorcerse la espalda. Simple… y funciona.
  • Se pueden esconder las emociones. Algunos hombres se avergüenzan de su expresión facial en el punto más intenso. En esta postura pueden “esconder” la cara y sentirse más tranquilos. Aunque, sinceramente, yo preferiría verlo todo ?
  • Su propio ritmo. Esta postura le da a la pareja el control del ritmo. Él puede sentir mi reacción, frenar o acelerar… y es como si nos volviéramos un solo cuerpo. Muy sensual.
  • Una vista preciosa. He oído más de una vez que en esta postura tienen “fuegos artificiales en la cabeza”: pechos, ojos, expresión, el cuerpo en movimiento… lo tienen todo delante, como en la palma de la mano.
  • Encaja en cualquier momento. Mañana, noche, un momento espontáneo el fin de semana… siempre viene bien. Y después de buen sexo, hasta un mal día se vuelve un poquito mejor.
  • Pueden lucir el cuerpo. Sí, a los hombres también les gusta “verse bien”. Sobre todo quienes cuidan su forma. En esta postura se nota su fuerza, los músculos, la tensión en los brazos… y yo, sinceramente, lo adoro.
  • Menos lío después. El misionero da más control en el momento del final. Eso hace el proceso no solo más cómodo, sino también más limpio, especialmente si vais con prisa. También pasa.

Acciones del compañero

Si mi pareja toma la iniciativa en la posición del misionero, para mí hay una cosa clave: que de verdad quiera darme placer. No solo “cumplir”, sino sentir, captar mi ritmo, mis reacciones. ¿El resultado ideal? Que yo esté completamente relajada, perdida en las sensaciones, y que las olas del orgasmo literalmente me recorran todo el cuerpo. Ahí siento: sí, él está de verdad conmigo… y para mí.

Acciones de la compañera

Mi objetivo en el sexo no es solo disfrutar, sino hacerlo el mejor de mi vida. Y aunque en el misionero pueda parecer que tengo un rol más pasivo, no es así en absoluto. Tengo control total sobre dos cosas importantes: la profundidad de la penetración y cómo se estimula el clítoris.

Y el clítoris —créeme— es la clave del orgasmo. Es increíblemente sensible, y si le prestas atención, el resultado puede ser explosivo. Me gusta, en cada movimiento, presionar un poquito la pelvis para que mi clítoris roce el pubis de mi pareja. Cuando encuentras ese ritmo, algo “hace clic” y la postura del misionero se vuelve muchísimo más intensa. Pruébalo y notarás la diferencia.

¿Cómo estimular el clítoris con las manos?

¿Parece que ella no se calienta tan rápido como te gustaría? ¡Tranquilo! No todas las mujeres se activan desde el primer segundo. Estas técnicas son pura magia si quieres convertirte en un maestro de la estimulación clitoriana. Créeme, después de esto tu pareja no va a querer que pares.

  • Empieza con caricias suaves: pasa los dedos por su clítoris o por el capuchón, arriba-abajo o adelante-atrás. Suave, como si acariciaras un pétalo.
  • Unos toques ligeros, casi juguetones, pueden excitar sorprendentemente. A veces esos detalles son los que acercan al orgasmo.
  • Junta el índice y el medio formando una “V”, como el gesto de paz ✌️. Con cuidado, sin presión, deslízalos por el capuchón del clítoris arriba-abajo o adelante-atrás. La sensibilidad irá aumentando poco a poco.
  • Y también, movimientos circulares. A menudo provocan las sensaciones más intensas. No tengas miedo de experimentar: lo importante es observar la reacción de ella.

Por cierto, a muchas les gusta añadir juguetes. Yo, por ejemplo, disfruto usando un vibrador durante estas caricias, sobre todo si se combina con las manos. Solo recuerda: empieza con la velocidad mínima y aumenta la estimulación solo con su consentimiento. Todo debe ir de placer, no de prisa.

Estimulación del clítoris

Y, por favor, recuerda: la suavidad y la progresión son tu mejor aliada. No hace falta lanzarse de golpe con la lengua como si bucearas por un tesoro. El clítoris es una zona súper sensible. Trátalo con ternura y el cuerpo de tu pareja te responderá con mucha más intensidad de la que imaginas.

Consejos extra

¿Te parece que no me caliento tan rápido como te gustaría? No te preocupes: no es porque estés haciendo algo mal. Simplemente mi cuerpo necesita un poco más de tiempo y atención. Aquí van algunos trucos que a mí me hacen temblar; quizá también le sirvan a tu pareja ?

  • Prueba a pasar el dedo con cuidado por el clítoris o el capuchón: arriba-abajo, adelante-atrás… Lo importante es hacerlo con delicadeza, sin prisas.
  • Golpecitos suaves, casi juguetones, sobre el clítoris pueden ser inesperadamente agradables. A veces acercan al orgasmo más de lo que crees.
  • Coloca los dedos en el signo de “paz”: índice y medio. Toca con cuidado el clítoris y el capuchón, sin presionar demasiado. Puedes moverte arriba-abajo o de lado a lado. Lo clave es observar mi reacción.
  • Y, por supuesto, movimientos circulares suaves: un clásico que casi siempre funciona. Sobre todo si lo haces con seguridad, pero con cariño.

Muchas chicas, como yo, disfrutan añadiendo vibración. Un vibrador puede ser un gran aliado. Pero si para ella (¡o para mí!) es una experiencia nueva, empieza con la potencia más baja y no corras. La comodidad es la base de la confianza, y siempre es más importante que cualquier técnica.

Estimulación clitoriana

La regla principal es la progresión. No hace falta lanzarse ahí con la lengua como si estuvieras descubriendo un nuevo continente. El clítoris es una zona muy sensible, y cuanto más suave seas con él, más fuerte será el efecto.

Empieza con lamidas ligeras: arriba-abajo, en círculos, de lado a lado. Solo observa cómo reacciono. Mis movimientos, mi respiración, mis gemidos te dirán qué me gusta especialmente… solo escúchame.

Y además… pregunta. De verdad, me alegrará si quieres saber qué me gusta. O dame la oportunidad de mostrarte cómo me toco. Repite esos mismos movimientos con la lengua y verás lo rápido que pierdo el control.

El clítoris está parcialmente cubierto por el capuchón, casi como el prepucio en los hombres. Y sí, el contacto directo con el glande a veces puede ser demasiado intenso. Cárgame a través del capuchón: así las sensaciones serán más suaves, pero para nada más débiles.

¿Quieres añadir un toque picante? Prueba a introducir la lengua con suavidad y deslizarla hacia arriba, hacia el pubis. Solo hazlo con cuidado: no a todo el mundo le gusta la zona del punto G. Pero si todo va bien… puede ser una locura. Lo importante es sentir y no precipitarse.

Y, por favor… nunca te detengas justo en el pico. A veces para el orgasmo falta literalmente un solo movimiento, y si en ese momento te apartas, todo puede venirse abajo. Si no te gusta cuando tu pareja interrumpe una felación en pleno clímax, imagina cómo se siente para mí.

Sé paciente. Atento. Regálame esos minutos sin prisa. Las mujeres valoran la pasión y la sensibilidad: y eso es lo que te convierte en un amante de verdad.

Variaciones del misionero

Con el tiempo, el misionero clásico puede parecer monótono. Pero no te apresures a descartarlo: estas variaciones aportarán sensaciones intensas y darán variedad a vuestros momentos íntimos.

Penetración profunda

Misionero con almohada

Si a veces mi pareja se preocupa por el tamaño o simplemente quiere sentirse especialmente seguro y potente, yo siempre propongo probar una variación simple, pero muy efectiva. Créeme, funciona para los dos: él siente fuerza y control, y yo una profundidad y una intensidad increíbles.

  1. Me tumbo boca arriba, flexiono las piernas por las rodillas y las elevo de forma que los muslos queden casi paralelos al suelo.
  2. Luego pongo una almohada o una toalla bajo los glúteos. Un cambio pequeño… y mi pelvis se eleva un poco. Eso significa que la penetración se vuelve notablemente más profunda e intensa. A veces incluso me quedo quieta con el primer empuje…

Desayuno sucio

Misionero sobre la mesa

Esta variación del misionero es mi hallazgo personal para el sexo matutino. No solo despierta el cuerpo, también te permite sentir a tu pareja de otra manera. Y si la penetración profunda no siempre es del todo cómoda, en esta postura es mucho más fácil controlarla. Todo es suave, preciso y a mi ritmo.

  1. Me tumbo boca arriba sobre una superficie firme y estable: por ejemplo, una mesa de cocina o una encimera. ¡Está fresquita, pero excita tanto!
  2. Flexiono las rodillas y apoyo las piernas en los muslos o los glúteos de mi pareja. Esto crea una sensación de cercanía increíble: literalmente nos unimos.
  3. Me relajo, respiro de forma uniforme y atrapo cada mirada y cada caricia. El contacto cara a cara aquí es especialmente potente.
  4. Y luego preparamos el desayuno… y yo sigo sintiéndolo dentro de mí. Eso sí que es una mañana ideal, ¿verdad?

Saludo gatuno

Postura con apoyo en el clítoris

Esta variación del misionero es mi debilidad, sobre todo cuando quiero algo suave, lento y realmente sensorial. Gracias al contacto corporal tan estrecho, el clítoris recibe estimulación constante, y eso excita mucho. Especialmente en esos momentos en los que simplemente nos rozamos, calentándonos antes de algo más apasionado.

  1. Me tumbo boca arriba y flexiono las piernas por las rodillas: un clásico, pero es lo que mejor funciona.
  2. Luego coloco los pies o las piernas sobre los muslos de mi pareja para atraerlo más, casi pegándolo a mí. Me gusta esa sensación de control.
  3. Él eleva ligeramente mi pelvis y su pubis empieza a rozar mi clítoris. Mmm… sin duda, mi momento favorito.
  4. Probamos a balancear las caderas o hacer movimientos circulares lentos, escuchando las sensaciones del otro. A veces estas caricias terminan mucho más fuerte de lo planeado… en el buen sentido ?

Noche de luna llena

Misionero con las piernas elevadas

Esta variación del misionero es un hallazgo si quieres sensaciones profundas e intensas. Me encanta por el ángulo único de penetración que aparece cuando tengo las piernas elevadas: te regala matices totalmente nuevos de placer. Y además aquí es facilísimo jugar con el ritmo… mmm, las olas de placer literalmente te cubren.

  1. Me tumbo boca arriba y levanto las piernas, acercándolas al pecho. Eso ya de por sí excita: vulnerable, pero con confianza.
  2. A veces estiro las piernas y a veces las flexiono un poco: todo depende de mi ánimo y de lo flexible que esté en ese momento.
  3. Si noto tensión en la zona lumbar, siempre pongo una toalla doblada bajo los glúteos. Ayuda y sostiene, y de paso hace la penetración aún más profunda.
  4. Y luego, juego. Probamos a cambiar movimientos, profundidad, ángulo. Es como una afinación sensual hasta encontrar el “modo” perfecto. Y cuando lo encontramos… oh sí, entonces ya no puedo contenerme.

Bloqueado y cargado

Contacto misionero muy estrecho

Esta postura es un descubrimiento, especialmente si tu pareja se preocupa por el tamaño. Yo sinceramente creo que no va de centímetros, sino de cómo os movéis, cómo os sentís y cómo disfrutáis el proceso. En esta variación se crea un contacto especialmente firme: nada de deslizamientos, solo estabilidad, profundidad y una sensación muy íntima de unión.

  1. Me tumbo boca arriba y estiro las piernas por completo. Eso alarga el cuerpo y lo hace receptivo a cada movimiento.
  2. Mi pareja se coloca encima, entre mis piernas juntas. Estamos literalmente pegados.
  3. Mantengo las piernas juntas y las presiono un poco contra sus costados o su cintura. Así él siente cuánto lo deseo… y eso nos excita a los dos.
  4. Y ya está: después simplemente disfruto de esa penetración estable y profunda. Se siente distinto: más estrecho, más intenso, como si el mundo fuera de la cama desapareciera.

Dame más

Misionero con las piernas sobre los hombros

Me encanta esta variación por cómo intensifica el contacto visual. Los estudios no mienten: ver la pasión en los ojos de tu pareja durante el sexo es un disparador poderoso. En esos momentos siento no solo fusión física, sino también emocional. No es solo una postura: es una forma de decir sin palabras “estoy aquí, contigo, por completo”.

  1. Me tumbo boca arriba y levanto las piernas despacio: sensual, sin prisa, dejando que el cuerpo se abra.
  2. Luego apoyo con cuidado las piernas sobre los hombros de mi pareja. Si lo probáis por primera vez, id con cuidado: escuchad el cuerpo y movedos suave.
  3. Nos miramos a los ojos. Nos besamos. Lo abrazo, siento el calor de su piel. Estos instantes acercan más que mil palabras.
  4. Me encanta observar su cara, cómo se mueve, cómo respira. Es mi película personal… solo para mí. Y yo soy la protagonista.

Salto vertical

Misionero en cruce

A veces simplemente quiero meterle un giro inesperado al clásico. Esta variación del misionero es como ese giro de guion que no esperas, pero que te pone la piel de gallina. Todo parece familiar… pero las sensaciones son completamente nuevas. Y, sinceramente, me encanta verlo de lado: espalda fuerte, caderas tensas, el ritmo… mmm, eso excita por sí solo.

  1. Empezamos como siempre: me tumbo boca arriba, el cuerpo relajado, la respiración tranquila, y la anticipación crece.
  2. Luego le pido que se desplace un poco en diagonal, de modo que nuestros cuerpos se crucen como una “X”. Ese movimiento simple lo cambia todo al instante.
  3. Siento las embestidas desde un ángulo nuevo, veo su perfil, los hombros, el movimiento de su pelvis. Es como redescubrir a mi pareja… y a mí también. Todo es conocido, pero en sensaciones es como la primera vez.

Cinco movimientos avanzados del misionero

¿Quieres darle variedad al clásico y subir el placer a otro nivel? ¡Yo siempre digo que sí! Estas 5 técnicas definitivamente merecen la pena si, como yo, no te gusta la rutina en el sexo. Solo necesitas un poquito de curiosidad, ganas de explorar tu cuerpo y, por supuesto, una pareja dispuesta a jugar con reglas nuevas. ¿O quizá sin reglas ?

“X” sexual

Postura con las piernas cruzadas

Si quieres algo más intenso, esta postura es top. Sirve cuando quiero una penetración más profunda o simplemente cambiar de escenario. Y sí, la cama no es obligatoria. A veces lo mejor pasa… en la mesa de la cocina. O en la de centro. Lo importante es que sea estable ?

  1. Me tumbo en el borde de una superficie firme para que las piernas queden colgando libremente. Eso ya da una sensación de vulnerabilidad, pero en el buen sentido: excitante.
  2. Mi pareja se coloca entre mis piernas y las levanta con cuidado, manteniéndolas estiradas. Siento cómo sube la tensión.
  3. Cruzo los tobillos, como formando un “candado”. Eso intensifica la sensación de ajuste y concentra todo justo donde hace falta.
  4. Él sostiene mis piernas y marca el ritmo. Yo simplemente me entrego al compás y dejo que me guíe: también hay un placer especial en eso.

Vuelo libre

Postura con la pelvis elevada

Esta postura no es para perezosos, pero créeme: el esfuerzo merece la pena. Aquí todo va de cercanía, control y una penetración especialmente firme y profunda. Cuando quiero sentir a mi pareja literalmente con todo el cuerpo, elijo esta.

  1. Para empezar, es importante encontrar una superficie fiable y estable: a mí me gusta una cama baja, pero también vale un banco resistente si te apetece algo diferente.
  2. Mi pareja se arrodilla frente a mí y empieza una penetración suave y lenta. Aquí es clave no tener prisa: cada movimiento se siente con mucha más intensidad.
  3. Voy levantando las piernas una a una y apoyándolas sobre sus hombros. Ese gesto es como invitarlo a entrar más profundo y más cerca.
  4. Luego elevo un poco la pelvis: cambia el ángulo, y las sensaciones se vuelven… mmm, simplemente wow.
  5. Para mantener el equilibrio, puedo abrazarlo por las caderas o colocar las manos bajo mi zona lumbar: así el cuerpo se ajusta por completo a la ola de placer.

Split

Postura con una pierna levantada

El pilates hace tiempo que forma parte de mi vida, y me encanta cómo influye no solo en la postura y los músculos, sino también en las sensaciones sexuales. Esta variación es como una recompensa por la flexibilidad. Abre el cuerpo de otra manera y te permite sentir a tu pareja especialmente profundo. Es simple, pero increíblemente eficaz.

  1. Me tumbo boca arriba y me relajo por completo. Para mí es importante que el cuerpo esté suave y flexible: eso también es parte del placer.
  2. Cuando mi pareja se coloca encima, levanto una pierna hacia arriba, directa al techo, y la otra la dejo estirada sobre la cama. Crea un efecto visual interesante y un ángulo nuevo de penetración.
  3. Después de unos minutos cambiamos de pierna: eso añade dinámica, variedad y activa músculos de los que ni siquiera era consciente. Y las sensaciones… solo se intensifican.

Postura del Puente

Postura del puente

Me encanta esta postura: es como unir yoga, pilates y pasión. Cuando elevo la pelvis en “puente”, siento cómo se tensan los glúteos y los muslos, y el cuerpo se vuelve más firme y potente. Pero lo mejor es que no solo se ve bonito: es deliciosamente placentero. La profundidad aumenta, y cada ola de sensaciones se vuelve más intensa.

Amor de cangrejo

Postura con la pelvis elevada y apoyo

A veces me sorprendo pensando que los movimientos más simples, casi infantiles, de repente se vuelven increíblemente sensuales. Esta postura es como volver al juego, pero ya en versión adulta. Me gusta que aquí controlo la profundidad y el ritmo, y al mismo tiempo todo se ve tan bonito y espontáneo. Especialmente en un ambiente romántico: imagina… noche, playa, luna… y vosotros dos.

  1. Nos sentamos en el suelo frente a frente, con las piernas flexionadas por las rodillas: parece muy simple, pero ya es sensual.
  2. Me inclino un poco hacia atrás y me apoyo en las manos, elevando la pelvis: queda algo parecido a un “puente”. El cuerpo está tenso, todo se activa, y eso excita.
  3. Luego me acerco y me siento encima de él, manteniendo esa posición elevada. El contacto se vuelve muy estrecho y vivo.
  4. Y si quiero aún más profundidad, flexiono un poco los codos y bajo más cerca de él. Eso añade intensidad y como que nos une todavía más.

Conclusión

¿Sabes? La posición del misionero no va para nada de aburrimiento. Para mí es cercanía, confianza y ese “nosotros” íntimo que va mucho más allá del sexo. Es una base sobre la que se puede construir una profundidad increíble de sentimientos, en la cama y fuera de ella.

Espero de verdad que esta guía te haya inspirado a probar algo nuevo, soltarte y encontrar más alegría incluso en los movimientos más habituales. No importa cuántas parejas hayas tenido o qué experiencia tengas: créeme, siempre puedes descubrir en ti…

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